NSFW – Fotos de los 4 años que pasé en un set porno

Por Jamie  Clifton – Apr 16  2017

Thomas Grant capturó las minucias de un mundo que todos conocemos pero pocos penetramos.

La industria pornográfica británica está un poco difamada. Lo que producimos aquí no es tan llamativo como lo que hacen los estudios americanos. Las estrellas masculinas tienden a ser personas de mediana edad poco atractivas. Es alarmante cuando los escuchas hablar sobre el “trasero” de alguien y no del “culo” de alguien, porque suenan exactamente como tu papá. Pero hay una belleza oculta en todo esto, en comparación con las grandes compañías de Estados Unidos: la familiaridad que hay en todo esto.

El fotógrafo, Thomas Grant, capturó esa belleza cuando le dieron un empleo como fotógrafo de set porno. Empezó en 2010 en un estudio gigante afuera de Londres, pasó cuatro años trabajando ahí y– junto a las fotos de un glamour convencional– compiló una colección más agradable que muestra el detrás de cámaras de las películas.

Hablé con él por teléfono sobre esas fotos, y sobre lo que el tiempo en la industria le había enseñado.

(“El autor coloca una primera fotografía donde hay diferentes tipos de pasteles y comida y mousse de chocolate, aparentemente sin sentido dice al autor.. personalmente no me gustó esa fotografía, todas esas cosas están aplastadas o dispersas sobre ropa  donde hay también unos zapatos de taco alto.. y si no me equivoco unos preservativos.. Como yo lo cuento es menos chocante que verlo creo.  El resultado de esa fotografía visualmente es grotesco, y los distintos tipos de personas pueden imaginar muchas cosas, de una fotografía arreglada, armada para producir un efecto..  La realidad puede ser seguramente mucho más impactante.”.)

Dice el autor:  Ninguna de estas tomas está arreglada. No soy un fotógrafo de porno – nunca me he clasificado así – y es difícil ver la belleza en el set, entonces estar ahí durante cuatro años, cada día, cinco días a la semana, terminaba fotografiando lo que sea que estuviera alrededor de mi que me mantuviera sano. Pero también era mi intención desde un principio utilizar el trabajo para documentar el detrás de cámaras de la industria del porno.

Cómo conseguiste el trabajo?

Apliqué para una publicación que ofrecía un trabajo en una industria para adultos, pero no sabía que tan para adultos iban a ser, y me dieron el puesto. Tenía que tomar fotos de cada modelo en cada escena, tomarlas individualmente en el set –que después eran vendidas como imágenes de glamour – y después tomar fotos del acto sexual, que se iba a sitios web y portadas de DVD.

¿Cómo fue tu primer día?

Para ver a otras personas tener sexo por primera vez tienes que acostumbrarte un poco.

Al principio es muy abrumador. Pero después de un par de días te das cuenta que no es gente teniendo sexo real; es gente que viene a trabajar. Pero el primer día que estaba ahí fue realmente abrumador. Me sentí muy incomodo dirigiendo a una mujer que no se sentía cómoda siendo dirigida.

¿Por qué?

Al principio asumes que puedes rebasar los límites de cualquier fantasía que tengas, pero la realidad es que la mujer está ahí para hacer lo que le digas que haga, entonces la fantasía no es relevante porque es su trabajo y tu trabajo. Es un tema para ser fotografiado y filmado de la mejor manera posible. Normalmente digo que hay más sexualidad al trabajar para una sesión de moda que para una escena porno. El porno es lo que es. Casi siempre me preguntan, sobre todo los hombres, “¿Sientes la necesidad de meterte en la escena?” Pero siempre digo que no. Al final del día es un lente y una cámara. Estás ahí para tomar fotos y tienes que hacer lo mejor para que la gente con la que estás trabajando haga el trabajo de la mejor manera.

¿Cómo el trabajo afectó tu percepción del cuerpo humano, verlo desnudo y de cerca todo el tiempo? ¿Te insensibilizó? 

No. No impacta en lo que ves fuera del trabajo, pero es lo que es en el set. Sin embargo, lo único que no podía soportar era la eyaculación.

¿Por qué? 

No lo sé –es algo que nunca, nunca pude aguantar. Cuando empecé a trabajar ahí, tenía que grabar cuando salía el semen y empezaba a sentir náuseas. Algunas de las mujeres – sobre todo las más profesionales – hacen todo tipo de cosas raras con el semen, hacen gárgaras o burbujas. Y nunca me pude acostumbrar. Algunas lo empezaron a notar –sabían que no lo soportaba– entonces algunas de ellas, cuando acababa la escena, corrían hacia mí para intentar darme un abrazo o un beso.

Te involucraban en esto. 

Exactamente.

¿Sientes que obtuviste una idea de las peculiaridades sexuales de Gran Bretaña cuando trabajaste ahí? ¿Hubo un cambio en el tipo de pornografía que se estaba filmando?

No podría que decir que hubo uno. El estudio específico con el que trabaja estaba controlado únicamente por el dueño, y nunca hubo una iniciativa por parte de nosotros para filmar lo que vendía, lo cual es muy extraño, porque filmamos la mayor cantidad de porno en Europa en ese tiempo. Lo gracioso es que la mayoría de cosas que grabábamos nunca se vendían porque no contaban con todas las regulaciones.

¿Regulaciones en internet?

OFCOM.

Ah, ok. ¿Viste un cambio en la economía del porno cuando estuviste trabajando ahí? Aún no entiendo cómo la gente sigue pagando por contenido cuando hay muchas cosas gratis en línea.

Totalmente. Cada día que íbamos al trabajo decíamos, “Este puede ser el último”.

¿Qué te sorprendió de trabajar en la pornografía?

Hay un millón de cosas. Una de las cosas más obvias es que nunca, nunca vi a una mujer tener un orgasmo – es obviamente una actuación muy buena. Y si ves semen en una foto, probablemente es una mezcla de jabón y lubricante.

¿Cuál es tu mejor recuerdo de todo esto?

Hay una historia algo graciosa de una mujer con la que solía trabajar. Es una mujer muy cool del norte. Es la clase de mujer que trabaja en el porno y su papá lo sabe, y está bien con eso. Siempre era muy divertido trabajar con ella porque no tenía ninguna clase de complejos. Estaba en una sesión con ella un día, en una mesa de billar, y al final dije, de broma, “Ok, entonces lo que ahora tienes que hacer es tomar la bola roja y metértela en tu vagina”. Y ella dijo “¡OK!” Y enseguida dije: “¡No! No, no, no, estoy jugando”. La metió y no podía sacarla. Entonces nos fuimos a la regadera y no paraba de brincar para sacarse la bola. Mi jefe llegó – estaba en la escena – y yo estaba loco. Pensé, “Tendremos que llevarla a emergencias para poder sacarle la bola de billar, y mi jefe se va a enterar, y a él le gusta hacer las cosas muy, muy rápido y ¡me va a correr!” Pero después, una de las otras modelos llegó y le sacó la bola con muchísimo lubricante.

Wow. ¿Por qué te fuiste?

Bueno, al final todo se desvaneció. El dueño decidió dedicarse a otras cosas, y las otras cosas no funcionaron.

¿Lo extrañas?

Extraño que me paguen.

¿Qué haces ahora?

Trabajo como freelance. Muchos de los trabajos que hago ahora son empresariales – de un extremo al otro. Y puedo decirte que hay más cogidos en la industria corporativa que en la pornográfica.

Gracias, Thomas.

 
 (Selección de Victoria Riquelme)

Lanzan un preservativo “inteligente” que permite publicar datos del acto sexual en las redes

Al “i.Con Smart Condom” ya lo pidieron más de 90 mil personas. Permite conocer la duración exacta del acto, además de la velocidad, fuerza del movimiento, calorías quemadas y temperatura corporal.

Lanzan un preservativo inteligente que permite publicar datos del acto sexual en las redes

La compañía británica British Condoms está de parabienes, ya que asciende a 90 mil las personas que reservaron su nuevo producto estrella: el preservativo inteligente.

El “i.Con Smart Condom”, nombre real del innovador profiláctico, ofrecerá al usuario información completa de su acto sexual: duración, velocidad, fuerza del movimiento, calorías quemadas y temperatura corporal, entre otras cuestiones. Además, los fabricantes indican que el dispositivo también será capaz de detectar la presencia de enfermedades de transmisión sexual.

De todos modos, no es un preservativo convencional como los demás. El dispositivo se trata de un anillo que se coloca sobre la base del condón y puede transferir datos a través de bluetooth.  Y ello acarrea un dato al que no todos se animarán: se puede publicar la “performance” del acto sexual en las redes sociales.

El producto, que se lanzará oficialmente en los próximos meses, cuesta alrededor de 73 dólares.

 

(Fuente:  http://www.lacapital.com.ar/lanzan-un-preservativo-inteligente-que-permite-publicar-datos-del-acto-sexual-las-redes-n1351108.html  y selección de Victoria Riquelme)

Así es la prostitución en Rusia, “la mejor del mundo”, según Putin

Resultado de imagen para prostitutas rusas

Vladimir Putin elogió, con sarcasmo, a las prostitutas rusas “como las mejores del mundo”, pero obvió decir que están obligadas a trabajar en la clandestinidad y la indiferencia en un país que casi siempre ignora sus denuncias.

“Las prostitutas rusas son parias absolutas, no tienen ninguna posibilidad real de defenderse”, resume con amargura Irina Maslova, fundadora de la única asociación del país que ayuda a estas mujeres, “La rosa plateada”.

La prostitución es ilegal en Rusia, donde puede sancionarse con una multa simbólica de 1.500 rublos (alrededor de 23 euros).

Según los defensores de los derechos de las prostitutas, la policía se apoya a veces en esta prohibición para no investigar los abusos contra ellas.

“Los policías se niegan a registrar las denuncias de las chicas sobre las agresiones a las que las someten los clientes. Y con frecuencia les abren un expediente por prostitución en lugar de defenderlas”, explica Maslova.

Las agresiones, las extorsiones y las amenazas de revelar su actividad a sus familias son moneda corriente, lamenta.

– Soñar con un sindicato –

Irina habla con conocimiento de causa. Esta esbelta rubia cuadragenaria fue prostituta durante seis años en San Petersburgo hasta que en 2003 comenzó a militar por los derechos de las trabajadoras sexuales.

Intenta, por ahora en vano, crear “un sindicato de trabajadores sexuales” en Rusia porque está convencida de que es la única forma de acabar con los abusos. Pero “nos contestan oficialmente que este oficio no existe”.

En San Petersburgo, la segunda ciudad más importante de Rusia, entre 4.000 y 6.000 mujeres viven de la prostitución, según diversas estimaciones. Sólo el 10% de ellas ejercen en la calle; la mayoría lo hace en salas clandestinas: apartamentos compartidos, con una secretaria que contesta al teléfono y un guardia a la entrada.

En la época de la Unión Soviética, la prostitución no existía oficialmente. Empezó a verse en las calles de Moscú en los años 1990. Y desde el comienzo de los años 2000 se lleva a cabo en locales ilegales, a menudo bajo “la protección” de policías corruptos.

Promocionan su actividad pegando pequeños anuncios en los muros de los edificios, en las paradas de autobuses y en otros lugares. Prometen “pasar un buen rato”.

En teoría los proxenetas se exponen a hasta tres años de cárcel pero pocas veces se concreta ante la dificultad de trazar el dinero de los servicios de las prostitutas.

– Perfil –

“El perfil es muy variado”, explica Reguina Ajmetzianova, una militante de la asociación “La rosa plateada”. “Hay estudiantes, mujeres divorciadas, incluso amas de casa. Su marido no está al corriente o dice no estarlo”.

Por la noche, Reguina acude a estos locales clandestinos para distribuir preservativos y proponer pruebas de detección del virus VIH a las prostitutas.

Y es que la enfermedad causa estragos en el país, con más de 103.000 nuevos casos registrados en 2016, un alza de 5% en un año.

Llama a una puerta en la sexta planta de un gran edificio de estilo estalinista del sur de San Petersburgo. Una rubia treintañera le abre y le da la bienvenida con una sonrisa. Regina la llamó por teléfono para avisarle de su visita.

“Vaya a la cocina. Nadia trabaja, Nastia y Madina están allí”, dice la rubia. Se llama Inna y es la administradora del local.

Nastia, de 31 años, y Madina, de 20, beben té. Encima de un minicamisón sexi, visten una camiseta.

Las tres chicas reciben entre 10 y 15 clientes por noche pero cobran la mitad de los 2.000 rublos por hora (33 euros) que les pagan.

– ‘Ocultar el miedo’ –

“Por supuesto que he vivido situaciones difíciles con clientes en varias ocasiones. He aprendido a no mostrar el miedo”, cuenta Nastia, una pelirroja de ojos verdes originaria de los Urales.

En voz baja, Madina, una uzbeka que apenas habla ruso, enumera los abusos: “Sí, me han pegado, amenazado con un cuchillo, forzado a hacerlo sin preservativo…”

Reguina prepara los test. De repente alguien llama al interfono.

“¡Venga, chicas, rápido!”, exclama Inna mientras mira las imágenes de las cámaras, en las que se ve a un hombre subir al apartamento. Nastia y Madina se quitan las camisetas, se calzan zapatos de tacón y desaparecen.

Unos diez minutos más tarde, Madina vuelve sola: el cliente ha elegido a Nastia.

“Hacemos lo que hacemos por iniciativa propia, es verdad. pero somos seres humanos y nos gustaría que nos tratasen como tales”, suspira Nadia, justo cuando se va un cliente.

Por: Marina KORENEVA, AFP

 

(Fuente:  http://www.rcnradio.com/aunclic/asi-la-prostitucion-rusia-la-mejor-del-mundo-segun-putin/  y selección de Victoria Riquelme)

Se abre en Barcelona el primer burdel de muñecas sexuales de Europa

Las muñecas sexuales tienen ahora su primer burdel en Europa.

La agencia Lumi Dolls inició el pasado viernes su actividad comercial en Barcelona, ofreciendo un servicio nunca visto hasta ahora en Europa: muñecas realistas con las que se puede tener sexo.

La agencia Lumi Dolls inició el pasado viernes su actividad comercial en Barcelona, ofreciendo un servicio nunca visto hasta ahora en Europa: muñecas realistas con las que se puede tener sexo.

Se trata, según la página web del local, de “muñecas totalmente realistas, tanto en el movimiento de sus articulaciones como en el tacto”. Por razones de privacidad no divulgan la dirección exacta de este curioso prostíbulo, al que sólo se puede acceder mediante cita telefónica previa.

Katy (de aspecto europeo y rubia, con 170cm de altura), Leiza (de raza negra, 168cm), Lily (asiática, con 161 cm de altura) y Aki (un personaje de anime japonés que mide 165 cm) son las muñecas que Lumi Doll ofrece al público.

“Todas nuestras muñecas, al igual que todas las mujeres, cuentan con cavidad oral, vaginal y anal” explican desde la agencia.

Y por si acaso, precisan que “nuestras LumiDolls son, antes y después de cada servicio, correctamente desinfectadas con jabones especiales antibacterias. Garantizamos unos altos estándares de higiene. Aun así, siempre recomendamos usar las LumiDolls con preservativos”.

Precio..normal. Este peculiar burdel hace todo lo posible por evitar que el encuentro íntimo con una muñeca se quede en una experiencia fría y aburrida: “Cuidamos hasta el más mínimo detalle”, explican.

En cada habitación hay una gran televisión de plasma donde se puede reproducir una serie de películas que el propio cliente puede elegir a su gusto.

“Junto a la tenue luz de las velas y con la SexDoll al lado, será una experiencia única”, aseguran.

El cliente de Lumi Dolls puede elegir con qué ropa o en qué postura o situación quiere que le reciba su muñeca.

Los precios no se diferencian mucho de los servicios sexuales ofrecidos por agencias que trabajan con mujeres reales.

En concreto, pasar una hora en compañía de cualquiera de estas bellezas artificiales cuesta 120 euros; una hora y media, 150 euros; y dos horas cuesta 170 euros.

Algunas de las muñecas están fabricadas en Japón o en Estados Unidos, donde su precio oscila entre los 5.000 o los 6.000 euros. 

Aún no se sabe si este es el futuro de la prostitución, ante un fetiche para minorías, o ante una moda pasajera, pero esta novedad irrumpe con verdadera fuerza en un mercado diverso y controvertido.

 

(Fuente:  http://www.diaadia.com.ar/mundo/se-abre-en-barcelona-el-primer-burdel-de-munecas-sexuales-de-europa  y selección de Victoria Riquelme)

Pornhub lanza nuevo sitio sobre educación sexual

El popular portal de contenido para adultos quiere aprovechar las visitas que tiene para asesorar a sus usuarios.

Más allá del avance en algunas materias de parte de la sociedad, aún la educación sexual es un tema tabú en muchas familias y varios son los jóvenes que se informan o tienen sus primeros acercamientos de maneras poco recomendadas, como por ejemplo con el porno o con comentarios entre amigos.

En vista de esta problemática, Pornhub, el popular sitio de contenido para adultos, lanzó un nuevo portal denominado “Centro de Salud Sexual”, el que se tratará de un recurso en línea para los usuarios, en el que se podrán asesorar y recibir información acerca de las relaciones íntimas.

La fórmula puede ser útil, puesto que son casi 70 millones de visitas diariamente las que recibe la página pornográfica, por lo que combinarlo con esta herramienta asoma como una mezcla interesante.

Lo llamativo es que el Centro de Salud Sexual contará con contenido editorial original de expertos en la materia, médicos y líderes comunitarios.

 

(Fuente:   http://www.adnradio.cl/noticias/sociedad/pornhub-lanza-nuevo-sitio-sobre-educac(Fuenion-sexual/20170201/nota/3372465.aspx   y selección de Victoria Riquelme)

 

Dyon, asistente sexual de discapacitadas

Dyon en su casa de El Born (Barcelona) JORDI SOTERAS

Una embolia le cambió la vida, y por eso ahora su labor es dar placer sexual.

“Algunas discapacitadas han llegado a pagarme con poemas”

“Tenemos fases. Hay un ‘café de expectativas’… marcamos los límites. Es cuando decide si desea penetración”

  • MARTÍN MUCHA
  • @Mart1nMucha

13/01/2017 03:07

Dimitri abre los ojos y mira aquellos cuerpos, por primera vez, sin compasión. “Nunca”. Lo hace con curiosidad. Queriendo descubrir una anatomía distinta, especial. Almas que desean ser tocadas por primera vez. Son María, Inmaculada, Carmen, Teresa… Ellas se han pasado media vida sin experimentar la caricia erótica de un hombre. Dimitri Zorzos, cuando ejerce Dyon Baco, es el primer asistente sexual de discapacitadas de España. Con 37 años, lleva desde el año 2011 aprendiendo para este puesto. Desvela su nombre real. Da la cara. “No tengo nada que esconder. Si tengo que mostrarme y luchar por esta causa, lo haré”. Lo hace por normalizar la figura del asistente sexual. De su trabajo. Dimitri es hombre de mirada abierta. De apenas parpadear.

Dimitri nació en Atenas en 1979. “A los 15 años mi vida cambió. Leí el reportaje de una asistenta sexual en Francia y me dije, “si fuera mujer lo haría”. Y me quedé con la idea desde entonces”. Muchas cosas cambiaron en su vida. Su familia tenía una imprenta y a eso se dedicó durante un tiempo. Así, entre planchas y tinta, decidió que nada de eso era lo suyo. “Fui detrás de una chica que vivía en Barcelona. Esa fue la excusa para dejarlo todo y cambiar”.

Lo que hizo después fue cambiar vidas. Un testimonio. La primera experiencia con una discapacitada fue así. Lo cuenta ella:

“Llego. Me bajan del tren con la plataforma para sillas de ruedas y, como siempre, alucinan cuando les digo que no me espera nadie y que me voy para el metro. Estoy muy muy nerviosa. Tengo una sesión con Dyon. No tengo claro en qué va a consistir, aunque parece que mi cuerpo intuye algo… o quizá sólo incertidumbre. Contacté con él hace año y medio a través de una mujer a la que acudí en busca de asistentes sexuales para personas con discapacidad. Ella me dijo que no conocía a ninguno -sí a asistentes mujeres- pero me dio el Facebook de Dyon…”

-¿Necesitas ayuda para desvestirte? -me preguntó.

-No.

-Ok, pues toma este pareo para ponerte luego.

-¿Me dejo la braguita o algo?

-No -me dice su voz y mirada dulce, y sale de la habitación…

“Me pregunta si he tenido relaciones sexuales y me indica brevemente que cualquier cosa que me incomode, se lo diga… Mantén los ojos cerrados. Comenzamos. Respiramos… No es una herramienta para mí. Y me indica que me tumbe. Masaje boca arriba, boca abajo… El pareo iba y venía… Con el aceite al fin silencio. Sensaciones. Placer. Y me dejo llevar. Abro los ojos, comienzo a acariciarle. Tanteando. Tímida a la vez que atrevida. Sin pensar. Sólo sintiendo. Poco después llega el masaje genital… Jamás había experimentado algo así. Y nos envuelve el respeto. Nos sobrepasa… De repente otro “cierra los ojos”. Suspiro. Me acuna la paz. Nos sentamos y él me habla. Yo apenas puedo articular. Me dice que tengo suerte de poder disfrutar así de la sexualidad porque mucha gente sin “discapacidad” no puede. Me dice que soy bella. Me dice que tengo una parte muy primitiva. Lo noto y me noto con una alegría desbordante. Estoy eufórica. No recuerdo semejante descarga de endorfinas. Mi silla corre y corre por la gran ciudad. Y yo lloro y lloro por la gran ciudad”.

Este es el relato de la primera vez que Dyon/Dimitri cambió la vida de una chica discapacitada. En sus propias palabras. Ocurrió en 2010. Para ella fue volver a sentir. O sentir por vez primera. Un descubrimiento. Lo fue también para el propio Dimitri en todos los sentidos. De eso se trata esto, de sentir. Él llegó a la Ciudad Condal en 2004. “A buscarme la vida, aprender el idioma, ni siquiera me quedé con quien vine a buscar. Ella se asustó. Tenía ahorros y seguí”. Fue cocinero en un par de locales, uno de ellos llamado La Llorona, hasta mayo de 2006. Ese mismo año pasó a trabajar en Citibank. “Como especialista en prevención de fraudes de tarjetas de crédito. Hasta eso hice”, cuenta al reportero. Todo iba en una dirección. Hasta que le ocurrió una tragedia. De esas aleccionadoras.

-¿Qué sucedió?

-En un momento en 2007, me dio una embolia, en el hemisferio derecho del cerebro. La mitad del cuerpo, mi lado izquierdo, se quedó paralizado. Perdí el control del movimiento. Me convertí en hemipléjico.

-¿Cuánto tiempo?

-Por dos meses.

-¿Aprendió?

-Conocí la frustración. Lo fácil que es perderlo todo. Ni siquiera beber agua. No tenía equilibrio. Tuve que reeducarme de cero.

-Convivió con otros discapacitados. ¿Fue su primera relación cercana con ellos? ¿conocer su carencia de sexo?

-En mi barrio había un hombre que tenía discapacidad. Pero me sorprendía que le trataban como a un niño. Yo lo veía como adulto. Le habían salido hasta canas y le trataban como si fuera pequeño. Me era incomprensible.

-A los 15 años leyó un escrito que descubrió su vocación…

-Era un texto sobre una asistenta sexual francesa que lo hacía para pagar sus estudios. Me emocionó. Decía que no era sólo una prueba para los que piden el servicio, también ella descubría, con cuerpos diferentes, otras sensibilidades… Supe que lo que hacemos traspasa los límites del derecho humano.

Un año después de que Crónica realizara la entrevista con Montse Neira, la primera asistente sexual de discapacitados en España, en 2010, Dimitri se unió a un equipo que quería crear un grupo que siguiera los pasos de la precursora de esta clase de servicios. “Lo lideraba la sexóloga argentina Silvina Peirano, así comencé. Había varias chicas. Pero yo fui el primer hombre de ese grupo, después llegaron otros que se unían y lo dejaban. No es nada sencillo”. Así nació Dyon Baco, su alter ego.

Con ese pseudónimo, no con su nombre real, aparece en el magnífico documental Jo també vull sexe!, del programa Sense Ficció de TV3, estrenado semanas atrás y firmado por Montse Armengou y Ricard Belis, sobre la realidad de este tipo de asistencia en nuestro país. En este aparece Inmaculada Hernández. En silla de ruedas. Luce una camiseta en la que se lee Rock Chic. Tiene el pelo rubio, corto, está radiante. Recorren el viaje en tren con ella hasta que se encuentra con Dyon. Su llegada al hotel. Él besándole los pies. Cargándola y ella acurrucada en su hombro. Más besos. Ahora en la boca.”Esto es como cuando vas al médico para que te arregle la boca. Pagas. Yo tengo que pagar para que toquen mi cuerpo. Le pago a alguien que me lo toca de maravilla”, dice a cámara Inmaculada. “Con 40 años me pagaron un gigoló mis amigos y no tiene nada que ver. Te folla, se viste y se va. Es distinto”, lo dice orgullosa de su decisión. Del cambio que significó la llegada de Dimitri en su vida.Para el griego también lo fue. Completa la historia, lo que no se ve en pantalla. “Lleva tiempo esa transformación. La tenías que ver antes. La primera vez me asusté mucho. Ella llevaba el pelo gris. Ella era muy gris. Sin color. Me ha dicho que sus informes médicos incluso han mejorado. En una revisión, el doctor, tras comenzar los acompañamientos, le quitó tres fármacos. Ella no podía aguantar las lágrimas”.

“¡Tengo ganas de vivir!”, soltó Inmaculada, quien padece una parálisis cerebral de nacimiento. Ya en los 50, ella vive en una residencia sola, en Girona. “Ella misma consigue un hotel, casi siempre al lado de la estación de tren donde nos encontramos. Es parte de todo lo que aprenden. A ser independientes, a currárselo”, comenta Dyon. “El paso siguiente es que aprendan a enamorar y que se quieran”.

-¿Hay un proceso definido entonces?

-Tenemos fases. Hay un café de expectativas. Donde conversamos, nos conocemos, marcamos los límites. Es el momento en que se decide si, por ejemplo, desea una penetración. Y el otro dice sí o no. Así el día del encuentro lo tenemos pactado. Conversamos y dejamos claro que esto no es para enamorarse. Esto se hace muy detenidamente. Buscamos que tenga la misma seriedad que con un psicólogo o con un fisioterapeuta. La idea es que podemos tratar su sexualidad. Lo que en la práctica les da la libertad. Ellas, la mayoría de las veces, sólo quieren que las traten como adultos.

Para Dimitri Zorzos todo ha sido un largo proceso también hasta volcarse en exclusiva a asistente sexual. Después de la parálisis, se dedicó al masaje tántrico. Ha sido camarero, guía en excursiones turísticas, hasta conductor de bicitaxis… Ha ido y vuelto entre Barcelona y Santorini, la isla donde nacieron sus padres, hasta decidirse a radicar en España. “Ahora con un proyecto relacionado con la asistencia sexual terapeútica en Valencia también”. Se muda allí para llevar a cabo un nuevo proyecto: Sexualidad Funcional, donde -entre otras cosas- va a contar sus experiencias y preparar a otros asistentes.

Su caso pone sobre la mesa la asistencia sexual. Ya se ha avanzado en el terreno masculino. Menos en el femenino. Y eso que las mujeres son el 60% de la población con discapacidad en España, que se estima en casi cuatro millones, según el Observatorio Estatal de la Discapacidad. Por ende, son 2,4 millones. “No hay datos oficiales de cuántas de ellas requieren este servicio porque es imposible saber cuántas pueden necesitar asistencia sexual”, aseguran fuentes del sector de la discapacidad. Lo cierto es que se puede hablar de decenas de miles. Dimitri aspira a que cualquiera de ellas pueda acceder a su ayuda. Y deja claro: “Yo no soy un gigoló, soy un trabajador sexual”.

-¿Cuánto cobra?

Son 75 euros. Cierto tipo de experiencias más extensas pueden alcanzar los 200. Pero dada la situación económica y si no tienen capacidad financiera, puedo aceptar que me paguen una parte en metálico y otra con un intercambio. Ellas pueden pensar y ser creativas. Sé que es una necesidad. Y yo soy muy comprensivo. Han llegado a pagarme con poemas.

Como éste: “Aguas extensas y verdes/ Dos más dos son cuatro./ Uno más uno son dos./ Me he hecho una mujer en tu gran océano donde nado libre y amorosamente./ He crecido por nacer en tus aguas donde juego y vivo un recreo feliz./ Mi Farol, mi puerto, mi cobijo./ Mis momentos de reír./ Hay motivos para loas./ Yo siempre era un café./ Ahora que me has endulzado, creo tener un por qué…”.

En total, unos ocho servicios al mes. Completa sus ingresos con terapias, masajes y talleres. “No se puede vivir solamente de los acompañamientos. A los acompañantes que formo procuro enseñarles que tengan otras fuentes de ingreso. No queremos que sea así para no crear dependencia económica”.

-¿Corta alguna vez la relación con sus clientas?

-Cuando siento que están intentando ligar conmigo. Trato por eso de que los acompañamientos sean espaciados. No más de dos veces al mes.

¿El peor momento?

-Me pasó con una chavala que era joven: 28 años. No tenía experiencias. Quería encuentros cada vez más a menudo. Le dije que a lo mejor necesitaba otro acompañante… Ella se lo tomó mal. Me tiró los billetes en la cara como diciéndome “esto es lo único que te interesa”. Me afectó mucho.

-¿Alguna vez ha fallado en su misión amatoria? Puede ser muy hiriente…

-No todo es penetración. Sabemos que el miembro tiene vida propia. Pero hay más factores. Y no todo es la genitalidad. Aunque con mi experiencia, con disciplina tántrica, puedo mantener la erección con control mental, no intento hacerlo así mucho. Quiero que salga naturalmente. Lo otro sería mentir.

-¿Se ha sentido encandilado por alguien siendo asistente sexual?

-Hay una persona. Es un caso diferente. En la mayoría de los casos, yo enseño, descubro la sexualidad de ellas. Esta es una mujer bellísima e interesante de unos 40 ahora. Padece una enfermedad degenerativa. Ella ha vivido una vida normal, ha tenido relaciones. Puede hoy ir a una disco y ligar sin problema. Va perdiendo el movimiento y el habla, pero sigue siendo muy atractiva. Y me ha elegido a mí para su proceso. “Hasta que la muerte nos separe”, me ha dicho.

[Dimitri hace una pausa. Parece tragar saliva. Comenta que ya hay dos o tres parejas constituidas entre asistentes sexuales y quienes requerían sus servicios. Hay un matrimonio incluso].

-¿Se ha podido enamorar de ella?

-Sí.

 

AGRADECIMIENTOS: Gio Galindo / ServIcios de Alquiler Inclusivo